miércoles, 31 de agosto de 2011

La inmersión lingüística

El DRAE define inmersión, en su tercera acepción, como «acción y efecto de introducir o introducirse en un ámbito real o imaginario, en particular en el conocimiento de una lengua determinada». Por lo tanto, inmersión lingüística es, por ejemplo, lo que una persona alemana realiza cuando se va a estudiar un año a Madrid con tal de aprobar un curso universitario y, además, aprender español. La inmersión la realizaría conociendo y entablando amistad con sus compañeros de clase españoles, yendo al cine a ver películas dobladas al español, leyendo periódicos, viendo la tele y, a fin de cuentas, paseando por las calles madrileñas, además de asistiendo a clase, por supuesto. Yendo a comprar el pan, pidiendo la cuenta en el bar o comprando libros en las librerías de su barrio aprendería el uso común de una lengua nueva y, con total seguridad, durante todo ese curso académico este ciudadano alemán aprendería a desenvolverse en nuestra lengua con casi plena normalidad.

Lo mismo sucede cuando un estudiante español de 3º de E.S.O. marcha un verano a Irlanda para aprender inglés. Allí vivirá con una familia irlandesa, hablará con ellos, irá a clases de inglés, verá la televisión y escuchará la radio, paseará por las calles y leerá los letreros y anuncios, etc. Es posible, no obstante, y sobre todo si viaja con más españoles, que acabe practicando más su lengua materna que la que quiere mejorar, pero en cualquier caso efectuará una inmersión lingüística que ayudará a ese estudiante en su pronunciación (el principal problema de nuestra enseñanza de idiomas) o en la adquisición de un lenguaje más coloquial, lejos de la doctrinal sintaxis a la que están (y estábamos) acostumbrados en las escuelas.

Y es que la enseñanza de idiomas en España ha preparado, durante muchísimo tiempo (y de estos barros estros lodos), a miles de jóvenes para escribir y leer con absoluta perfección y pureza, dignos del mejor Shakespeare, pero la preparacion para entender lo que se oye y expresarse era prácticamente nula. El resto de Europa nos gana por goleada en ese sentido. Los jóvenes españoles, gramaticalmente perfectos pero sin vocabulario, se pierden más allá de nuestras fronteras en un idioma (hablamos del inglés, por ser el más estudiado) que pocas veces, por no decir ninguna, han escuchado en el centro educativo de boca de un verdadero nativo y mucho menos hablado de forma coloquial. En este mismo blog, hará ya unos meses, publiqué una entrada titulada «Enseñar idiomas» y que ahora me viene a la mente.

El caso contrario a la inmersión lingüística es lo que el Diario Información, en su edición de la Vega Baja, lleva hoy a sus páginas. Es un fenómeno que se está produciendo desde hace muchos años: ingleses de mediana o avanzada edad, atraídos en su día por el boom inmobiliario y el cambio monetario entre libras y pesetas y entre libras y euros después, compraron sus segundas residencias o incluso un «retiro tranquilo» en nuestro país. Y lo hicieron, lógicamente, en la costa, preferentemente la alicantina y la murciana, allá donde el clima era diametralmente opuesto al de su país y allí donde la construcción no parecía tener freno.

Si primero llegaron los ingleses a nuestras costas y luego los empresarios decidieron venderles los pisos, o si se construyeron los pisos y los ingleses vinieron a quedarse, es como lo del huevo y la gallina.

En cualquier caso, estos ingleses, reacios a conocer la lengua propia del lugar al que iban, demandaban que se les hablara en su lengua y nosotros, que vivimos principalmente del turismo (y en estos tiempos de crisis, más todavía), aprendimos su lengua correctamente y en todos los comercios de la costa ya había alguien dispuesto a hablarles y servirles en inglés. Lógicamente, todo fue tomando mayor calado, y los mismos ingleses, ya asentados y con una situación economía buena o muy buena, iniciaron negocios, negocios en los que únicamente se hablaba inglés (o alemán, ya que muchos veranean aquí), con letreros en esa lengua y contratando, obviamentre, a sus compatriotas.

Y así es como se rompe cualquier tipo de inmersión lingüística, permitiendo la creación de guetos ingleses que, aunque reducidos, se pueden ver a lo largo de casi toda la totalidad de la costa mediterránea.

Esto que, aunque nos choca, vemos normal, lo criticaríamos (y de hecho se critica, en la ciudad de Crevillente sin ir más lejos) si en vez de ingleses fuesen argelinos o marroquíes, y fueran ellos quienes montaran sus negocios o establecimientos, rotulando las fachadas en árabe y dirigiéndose a ti primero en árabe o en francés en lugar de en español. Quizá sea un problema de europeidad, y los inmigrantes ingleses que montan empresas nos resultan más «simpáticos» que los africanos que montan empresas. Todo ello teniendo en cuenta que la mayoría de argelinos y marroquíes que viven en España hablan español y van a tiendas y bares donde el dueño es oriundo de aquí.

«Es que los moros hacen guetos y no se mezclan con nadie...», se oye decir. Pero, si nosotros tuviéramos que irnos a otro país a buscarnos la vida y así poder mandar dinero a nuestra familia, ¿tendríamos mucho tiempo para relaciones cordiales? Es una cuestión de actitud, sobre cómo tratamos a los diferentes inmigrantes que vienen a España, vengan de donde vengan. Y en la cuestión que nos atañe hoy, la de la inmersión lingüística, es patente que es mayor y mejor la inmersión que realizan argelinos o subsaharianos (o incluso los ciudadanos chinos) que la de los ingleses. ¿No será que al final todo se resume a una cuestión de poder económico...?

Todo esto, para algunos filólogos o lingüistas, podría hacernos poner el grito en el cielo, pero depende del cristal con que se mire y de cómo veamos el vaso, medio lleno o medio vacío. En una ocasión escuché la anécdota de dos vendedores de zapatos ingleses que van a África para intentar abrir negocio. Uno de ellos envió un telegrama a su país en el que ponía: «Panorama desolador. Nadie lleva zapatos». El otro vendedor mandó un telegrama escribiendo: «Oportunidad de negocio estupenda. ¡Nadie lleva zapatos!».

Algo así podría pensar un licenciado en Filología Hispánica cuando comprueba el panorama descrito en la noticia. «¡Nadie sabe español!». Aquí el problema es que en principio nadie quiere aprender español porque no lo «necesita», pero emprender es eso mismo: «acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro». De momento ha sido la Diputación Provincial de Alicante la que ha empezado unos cursos gratuitos de inglés. Es la primera piedra. La segunda, la de la voluntad, la tienen que poner los ingleses. Esperaremos noticias, y deseamos que sean buenas.

5 comentarios:

  1. Sergio, després de llegir tot el teu escrit veig que, per una banda compartim una anàlisi molt semblant sobre el tema de la immersió lingüística i l'aprenentatge d'altres llengües que no són la teua, però crec que la teua anàlisi parteix d'una errada des de bon principi: al País Valencià i la resta de terres de llengua catalana la llengua que està en perill d'extinció i en la que s'ha de fer immersió lingüística, perquè és la llengua autòctona, és la catalana. El castellà -o espanyol com tu l'anomenes també de manera errònia perquè aquest nom és totalment polític i no històric ni lingüístic- és una llengua alòctona al nostre territori, és a dir, imposada a la població.

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  2. Toni, estoy de acuerdo contigo en que todas las lenguas deberían protegerse, especialmente las minoritarias (o más bien minorizadas), pero es posible que en la Vega Baja sea más complicada esa inmersión lingüística en valenciano o catalán. Una lástima, porque todas las personas del País Valencià tendrían que conocer la lengua propia. En cualquier caso, aquí en Novelda, cuando organizamos cursos de conversación en valenciano donde los profesores eran ciudadanos normales y corrientes, se apuntaron muchísimos extranjeros, lo que nos da a entender quizá que los que vienen de fuera han de enseñarnos a cuidar y amar la lengua a los que estamos dentro.

    Por otro lado, sobre la eterna polémica castellano/español, a pesar de que ambas se consideran sinónimas, la denominación correcta para el idioma es "español", ya que "castellano" es en la actualidad, lingüísticamente hablando, una variante del español, con una pronunciación concreta (finales en -d pronunciados en -z), con su laísmo..., al igual que otras variantes del español dependen de la zona donde estemos. El español que se habla en Galicia, con un acento determinado; el que se habla en Tenerife, el que se habla Chile... Lógicamente, no llamaríamos al español que se habla en buena parte de América del Sur argentino, colombiano o mexicano, sino español. Aquí, en España, tampoco decimos que una persona habla zaragozano, sevillano o alicantino, sino español (cada uno con sus particularidades). Aunque ya te digo que español y castellano se consideran sinónimos, pero como filólogo considero mejor decir "español" (así se conoce, de hecho, a esta lengua en el resto de idiomas). El problema viene de la mala redación de nuesra Constitución en el apartado de las lenguas oficiales, tema del que hablo en este mismo blog, en la entrada correspondiente al 9 de noviembre de 2010.

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  3. El tema de la Vega Baixa, com la de la resta de territoris de parla castellana al País Valencià és complex i s'ha d'afrontar sobretot des del respecte a la realitat cultural del territorii la seua història i en aquestcas la llengua castellana en aquest territoriha de tenir el mateix respecte que demanem per a la zona catalanoparlant del país.

    Per altra banda, com et deia, la definició que es fa de "l'espanyol" està totalmentpolititzada. Tu mateix fas la politització que jo denuncie: a Galícia es parla gallec/portuguès, no castellà. És a dir, el castellà és la llengua de Castella i l'expansió d'aquest país va acabar imposant-la a la resta de territoris de l'estat que no la tenien com a pròpia a mesura que aquests territoris s'anaven incorporant a la corona hispànica que,sobretota partir de 1714, es converteix en centralista a l'estil francès i converteix Castella en l'ànima nacional i lingüística de l'estat. Per això dic que dir "espanyol" és una politització total del nom real de la llengua que és "castellà". Els catalanoparlants, els bascos o els gallecs hem aportat ben poca cosa al castellà per a que es dedicisca anomenar-la espanyol. Si es fa, per tant, és per a convéncer a totsels"espanyols" que no són de llengua castellana que en tant que espanyols el castellà també és la seua llengua.

    Et recomane un llibre i un vídeo del professor de la Universitat Autònoma de Madrid (gens sospitós de nacionalista, per cert) Juan Carlos Moreno Cabrera: "El nacionalismo lingüístico. Una ideologia destructiva".

    I el vídeo que és brutal, molt entenedor i agraït de vore:

    http://www.youtube.com/watch?v=37HoQMqgeQc

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  4. Un gallego hablará gallego cuando lo hable y español cuando hable español. Un vasco (o un navarro) hablará español cuando hable español y euskera cuando hable euskera. Son dos lenguas distintas. Al igual que yo hablo valenciano o catalán y español o castellano.

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  5. Igual que jo parle també anglès i això no vol dir que aquesta siga una llengua autòctona de la meua terra. Aquesta és la diferència: llengua "autòctona" i llengua "alòctona". És el que intenta explicar el professor cabrera: la falàcia del bilingüísme dels valencians, catalans, bascos i gallecs. Aquests territoris tenen una llengua pròpia i qualsevol altra és imposada al llarg dels temps. Mira el vídeo, de veritat que te'l recomane. Una abraçada.

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